domingo 22 de junio de 2008

¿Qué hacer? La trama y las bases de la perspectiva formativa de la novela




I

¿Cómo está estructurada la novela de Chernishevski? ¿Cuál es la trama oculta, el propósito y el plan ideológico que busca mostrar y que domina el ritmo de la exposición y el orden en que se despliega el contenido mismo de la novela?

¿Qué objetivo nuevo tiene el autor al pasar -por encontrase detenido en prisión- de la exposición de ideas y propuestas para la liberación de los campesinos y el reordenamiento radical de la sociedad rusa en su conjunto, que articula en un plano teórico, filosófico, abstracto; a otro plano, nuevo para él, donde debe primar un tono narrativo transformado en literatura por la ilusión artística que suma la recreación del tema mediante la imaginación, en el cual, sin embargo, debe dar muestras de sentido pragmático y, al mismo tiempo, tocar las fibras emocionales, sentimentales de sus lectores, y debe recurrir, al recuerdo personal y a la auscultación de las propias vivencia y experiencias para dar un toque de verosimilitud a lo narrado?

Para poder responder adecuadamente, con cierto orden, a tales cuestiones será necesario mostrar, por un lado, el entramado de las ideas “científicas” que sirven de base ideológica a Chernishevski para configurar e interpretar las situaciones y circunstancias que tienen que afrontar los personajes en el desarrollo de la trama de la novela. Mientras que, por otro lado, se debe evidenciar, con la utilización de algunos trozos extraídas del texto de la novela, como la estructura teórica se muestra en el cuerpo de narración.

Al iniciar nuestro cometido, subrayo que no hay que olvidar que para el autor, “la teoría es fría. Toda teoría debe de ser así. La inteligencia debe ser para juzgar las cosas fríamente. (…) –pero, entonces –afirma un personaje- se trata de una teoría despiadada. –Sí, así será para las fantasías vacías y dañinas, responde el protagonista, Lopuchov-“. “La ciencia es prosaica y no se escribe en versos”, pone en boca del mismo personaje el autor.

Ante todo hay que decir que Chernishevski, en la novela, intenta elaborar un modelo funcional de lo que considera son las notas determinantes de su antropología, que se constituye como un saber cierto, experimentado, resultado de una certeza basada en la estructuración pública y controlable del conocimiento científico. Esto garantiza a la interpretación de la acción humana el estar sustentada en principios firmes y verificables por cualquiera.

Por ello, Chernishevski puede afirmar que “cuando llegue el momento, los representantes de los que hoy aspiran a transformar la existencia de la Europa occidental, quedarán inconmoviblemente aferrados a sus convicciones filosóficas, y éste será el signo del próximo triunfo de los nuevos principios en la vida social de Europa oriental”.

Para Chernishevski la ciencia contiene y se sostiene en una antropología –tal como aprendió de su maestro Ludwig Feuerbach-. La antropología actúa como el fundamento de toda ciencia, y crea, al mismo tiempo que se constituye, una psicología y una moralidad que se basa en sus postulados.

Chernishevski parte de una firme convicción respecto a lo humano: el libre arbitrio no existe. Ésta es una simple ilusión más, creada en el ser humano en el transcurso de la historia y en la proceso de evolución de las especies tal como se puede analizar desde una perspectiva filogenética.

Nuestro autor concibe y sostiene que “todos los fenómenos del mundo moral proceden unos de otros, de las circunstancias exteriores, en conformidad con la ley de la causalidad”.

La impresión que se tiene, basados en sensaciones internas, de que el humano puede “querer”, de que tiene acceso a realizar actos volitivos que se sustentarían sobre una “vivencia o experiencia de la voluntad” es una impresión puramente “subjetiva”, constituye más bien una ilusión en el sujeto.

“En realidad”, el “querer” es algo que se constituye como un simple anillo en un largo encadenamiento de fenómenos y de hechos unidos férreamente entre sí por un firme, complicado e indisoluble lazo causal, que por su complejidad no siempre revela al sujeto mismo los elementos necesarios que vienen involucrados para hacer posible el más simple acto interno ante los ojos del sujeto que lo experimenta.

La vida de un ser humano y del conjunto de la humanidad es pura y simplemente la manifestación de tal encadenamiento de acciones, pensamientos, vivencias, emociones e impresiones en que se manifiesta en múltiples niveles por vía del principio de causalidad.

Por ello, afirma Chernishevski, es impropio hablar respecto a lo humano de responsabilidad. Todo cuanto acontece y es movido desde el exterior de la persona por circunstancias, situaciones, fuerzas e influencias, y por incitaciones pasionales, sentimientos y emociones en su interior, busca alcanzar una especie de equilibrio entre lo interior y exterior, que se manifiesta en la búsqueda constante lo que aparece como agradable y placentero y, al mismo tiempo, trata de evitar lo que luce ser desagradable, inquietante o doloroso.

En la novela, Chernishevski sostiene, respecto a la supuesta elección que se hace por vía de la libertad de la voluntad, que cada vez que “elegimos”, simplemente nos dejamos llevar por nuestras inclinaciones y por lo que consideramos son nuestros intereses: “Sólo los tontos pueden decir lo que quieren… Si se actúa de una manera en vez de otra, esto quiere decir que es nuestra índole, nuestra constitución la que nos impone actuar de esa manera en lugar de otra. ¿Quién puede condenar las consecuencias de un hecho o de una cosa cuando el hecho o la cosa, en verdad, existen? Dados los hechos de tu personalidad y el ambiente en que haz crecido y te encuentras, ninguno de nosotros puede responder de sus actuaciones”.

El ser humano es, para el pensador ruso, fundamentalmente egoísta. Si consideramos con atención un acto, un sentimiento o una vivencia que puede aparecer a una primera mirada como surgida de una fuente altruista o desinteresada, se puede llegar a descubrir de que semejante acción o actitud se basa en el primado que ejerce sobre la conciencia una valoración, que impone un pensamiento o convicción de que el acto mediato que se realiza puede llegar a exhibir o a poseer un mayor valor o interés en el sujeto.

La consumación de semejante acto o actitud puede producir, para el sujeto, una mayor compensación, una mayor recompensa, un resarcimiento superior o una satisfacción más intensa y duradera, que el posible acto inmediato que podríamos ejecutar.

En suma se trata de una especie de razonamiento o cálculo, que los seres humanos vamos realizando en todo momento, en que se concluye que el acto inmediato, a pesar de producir una contrapartida instantánea, breve o superficial, produciría un placer menor o una gratificación menos intensa que el acto diferido, mediato. Por consiguiente, piensa Chernishevski, siempre está de por medio en nuestras actuaciones el principio del egoísmo.

Si el bien y lo deseable se elige naturalmente, en función de lo agradable y de lo apetecible para el individuo, es decir, en función de su interés egoísta, lo bueno y el bien, concretamente, derivarán de lo que se pueda considerar como lo útil o funcional para lograr las metas que son para nosotros las más gratas y productivas.

Ahora bien, ¿cómo es que se establece concretamente la jerarquía de los fines y de los bienes en la vida humana y social?

Para Chernishevski nada luce más elemental y fácil de explicar. En el lugar más alto el ser humano coloca lo que es útil y funcional para el desarrollo y la afirmación de la humanidad como un todo; luego, poco a poco se va adquiriendo suelo y concreción, al pasar a aspirar, primero, la realización de los fines y propósitos de la nación, luego, los de la propia clase, los de la familia y, finalmente, los propios del individuo.

De la concreción y la imposición de esta jerarquía de necesidades y valoraciones Chernishevski no tiene dudas; esto lo expresa al afirmar: “Esta gradación no da lugar a dudas, no es más que la aplicación de los axiomas de la geometría a los problemas sociales”.

Por esto es que el pensador entiende que la moral científica es simple, evidente y completa, y como tal ofrece una “respuesta inmediata y pronta a casi todas las cuestiones importantes de la vida”. Todo esto es posible porque el ser humano realiza en cada momento un cálculo elemental entre las opciones más o menos útiles.

Para nuestro autor, pensar consiste en “escoger con ayuda de la memoria entre las posibles combinaciones de sensaciones e imágenes, las que corresponden a las necesidades del organismo pensante en un momento dado. Así se procede a escoger los medios de acción y las imágenes con las que se podrá alcanzar un resultado en lugar de otro”.

Sin embargo, descubre, y comenta a continuación, Chernishevski, que los seres humanos elegimos y actuamos mal, es decir, actuamos en contra de nuestros propios intereses.

Un ejemplo doloroso de esto, en Rusia, lo constituye el hecho de que las masas campesinas acepten el yugo milenario que le impone la autoridad y como no se atreven a tomar para sí la tierra que necesitan para vivir y prosperar.

Lo deseable para recuperar su libertad e independencia económica y superar la situación real de explotación en que viven ha sido ocultado ante sus ojos. Lo que conformaría su bienestar ha sido subvertido, y ellas mismas han sido pervertidas por las condiciones exteriores, que les imponen el sistema de organización tradicional de Rusia, que ha sido estructurada, precisamente, para explotarlas.

Es así como surge la pregunta que da titulo a la novela: ¿Qué hacer, entonces, para comenzar a cambiar esta situación inhumana, irracional e injustificable moralmente?

La novela pretende constituirse en una especie de manual de fácil acceso y de general entendimiento para instruir a los jóvenes, que comienzan a despertar del letargo de siglos en que tiene postrada la sociedad el zarismo y su injusto sistema de organización religiosa, socioeconómica y política. Por consiguiente, la novela se presenta como una guía didáctica para tender un puente entre las clases intelectuales, entre la inteligentsia y la gran masa campesina para preparar su liberación.

El elemento liberador será la juventud, que instruida y preparada por la ciencia en las verdades evidentes para el conocimiento, intentará, primero, liberarse ella misma del sistema, para, posteriormente, auxiliar a las masas campesinas haciéndoles comprender que es lo que realmente les conviene. Al actuar de esa manera, además, los jóvenes contribuyen al engrandecimiento de su patria; contribuyen para que Rusia se proponga ante la humanidad como el faro de luz justiciero que señalará a los seres humanos del futuro, el camino para realizar, de una vez por todas, la liberación de la humanidad de la explotación del hombre por el hombre.


II


La protagonista de la novela es la joven Vera, una muchacha inteligente, asentada, serena, deseosa de realizar en su vida la promesa de una conciencia ética superior, que intuye en sí misma, pero que concretamente desconoce, frente a la vida perversa que desarrollan sus padres, que sólo piensan en engañar al prójimo, en cómo conseguir rápidamente dinero y en cómo obtenerlo de la forma más fácil aunque sea de modo fraudulento, “pues la vida es prosa y cálculo”.

La desesperada Vera quiere edificar la propia vida para “vivir independiente y vivir a mi propio modo”. Sin embargo, sabe que el camino de lo que busca no se dirige a la realización de una existencia ociosa, acostumbrada al lujo y a la dependencia del querer de los otros, ese es para ella, el paradigma de una forma de vida corrupta.

Vera, inesperadamente, de repente, encuentra un aliado en el recto, lúcido y responsable estudiante de medicina Lopuchov, quien ha sido contratado para dar lecciones de repaso a su hermano menor, que se debe preparar para los exámenes para pasar a la secundaria.

Lopuchov, quien es de origen pequeño burgués, hijo de un comerciante de provincia, la ayuda a liberarse de su familia y del pretendiente que quieren imponerle de marido, la ayuda a orientarse moralmente y comienza a rastrear, con la ayuda de su amigo, el también estudiante de medicina, Kirsanov, los diarios para encontrar para Vera un empleo honesto donde pueda mantenerse, al abandonar la casa familiar.

Sin embargo, después de mucho indagar tienen que asumir que la única salida posible para Vera, y también para Lopuchov -ambos en el tiempo en que se tratan en la casa de la familia de Vera se conocen y enamoran- es que se decidan a fugarse, y después de celebrar el matrimonio, pasen a montar casa juntos, como pareja.

Cumplido esta primera parte de su plan, en la novela aparece como central la problemática de la situación de la mujer en su relación con el hombre, y se debate cómo lograr establecer efectivamente una estrategia que tenga como resultado la plena igualdad entre los sexos.

Se comienza a explorar entre ellos la posibilidad de transitar una vía social concreta para que la mujer, en este caso, Vera, pueda alcanzar en el matrimonio y en la vida social una manera de vivir en completa y auténtica igualdad con el varón.

Así, en el despliegue de la vida en matrimonio de Vera y Lopuchov, se fijan reglas muy estrictas de comportamiento entre ellos. Primero, cada uno tendrá su propia habitación que será respetada por cada uno de ellos como sitio sagrado. La mujer, al igual que el hombre debe trabajar para aportar al sostenimiento de los gastos comunes. Ninguno de ellos, individualmente estará obligado a pedir o a dar explicaciones de ningún tipo, al otro, más allá de lo que considere como digno o adecuado para sí mismo. Entre ambos ha de establecerse una relación de camaradería y una transparencia basada, más en la amistad, que en la convicción vigente de ser uno –el hombre- el poseedor o dueño de la otra, por el hecho de estar casados, etc.…

Estabilizada la pareja, Vera tiene la idea de establecer un taller de costura donde poco a poco se comienzan a establecer las reglas –que se describen- necesarias para que una empresa de carácter cooperativista pueda prosperar, y donde las jóvenes que entren a trabajar puedan participan por igual, en las tareas directivas y en las productivas.

Llegan así a alquilar, primero uno, luego dos, y posteriormente, más locales, que sirven para albergar, tanto el área de producción como las de las habitaciones, y hasta se llega a disponer de pequeños apartamientos adecuados para familias, para alojar a las asociadas casadas con hijos, así como también, se llegará a disponer de salas de esparcimiento y socialización, hermosamente decoradas.

En la segunda parte de la novela se relata el nacimiento del amor entre Vera y Kirsanov, quien ejerce de médico e investigador en un hospital de San Petersburgo, donde se dedica a salvar a las personas desvalidas económicamente o con algún tipo de enfermedad incurable.

La novela se cierra con la desaparición de la vida de Vera y Kirsanov, de Lopuchov, quien para no hacer sentir el peso del lazo matrimonial que lo une a Vera, se suicida para que su mujer y su mejor amigo puedan alcanzar la plenitud de vida a que aspira desplegar el amor que los une.

Lopuchov renuncia a Vera, pues sabe que por su carácter y personalidad, que no puede modificar por razones naturales, nunca podrá encontrar la felicidad con ella, ni puede proporcionarle el tipo de amor a que ella aspira.


III


Chernishevski como ser humano que se consideraba sobre todo, un científico y convencido de la verdad de la ciencia, construye en la novela un modelo, una especie de proyecto para preparar las condiciones a la vida como debería ser, según lo podía iluminar el conocimiento científico que se disponía en su época. Aspira a que los jóvenes puedan encontrar maneras concretas para estabilizar su existencia a fin de que puedan encaminarse a concentrar sus mejores energía a la liberación del ser humano.

El pensador era conciente de su situación como detenido político a la espera de una condena que sería política, violenta y ejemplar; que lo aniquilaría como hombre real, como sujeto y cuadro político. Para él estaba cerrada la posibilidad de participar realmente, en la edificación de la sociedad mejor que era posible para su tiempo; por ello renunciar a la construcción concreta de la realidad y aplica toda su energía creativa en la preparación de su proyecto de sociedad en el plano de la ficción.

Su realidad humana concreta no le permite sino edificar, “en imágenes preparadas por la imaginación”, una realidad que por el momento no puede ser sino teórica e ilusoria.

Nuestro autor, en el momento que le toca vivir, puede constatar que existe un estado satisfactorio en que el mundo puede aparecer tal cual, en verdad, es. La ciencia es la constatación de su concreta posibilidad que lo transforma en un objeto deseable, coherente y posible.

Para Chernishevski, la ciencia racionalista, de derivación ilustrada, guiada por el descubrimiento científico a través de la experimentación y las leyes exactas de las matemáticas, concibe el orbe en todos sus detalles, con un grado de certidumbre casi absoluta.

La raíz de esa visión la constituye la espontaneidad del ser humano, que se manifiesta reaccionando en todo momento al simple estímulo del placer y el interés. Con esto se muestra que el humano no necesita postular la existencia de ninguna lejana virtud, ni exasperarse en el intento por vencer las pasiones que descubre en sí mismo. Debería solamente actuar y pensar con fidelidad a su propia naturaleza, a sus propios impulsos entrañables y a sus propios intereses correctamente interpretados.

Sin embargo, es la ciencia misma, la que presenta la posibilidad de crear la ciudad perfecta, la que también muestra los obstáculos para que surja el nuevo mundo. Aparece la necesidad de trabar un combate entre los partidarios de la nueva y de la vieja realidad y esta lucha no puede concebirse únicamente en el plano moral.

La historia constituye un drama ontológico en que lo que no debe ser –por no ser parte de un plan racional, ni ser parte del principio del interés- impide ser, a lo que tiene vocación de aparecer y existir.

La población rusa –la existente en los tiempos de Chernishevski- se reparte en una escala constituida por los grados del saber a los que tiene acceso y según los grados de resistencia que se planta para impedir la realización de ese mismo saber.

La novela de Chernishevski es la descripción de cómo se articula esa lucha para lograr realizar un grado superior de perfección venciendo las resistencias que conlleva ir escalando los grados de uno en uno. La frontera entre estas dos actitudes y sus grados pasa por el corazón de cada uno.

La regla de vida práctica para poner en ejecución su visión, Chernishevski la resume, en las cavilaciones del médico Kirsanov, en un momento en que vive una tensa situación moral que requiere claridad para resolver el dilema que se le plantea: “Sé honrado, es decir, calcula bien; no olvides que el todo es mayor que la parte, es decir, que para ti la naturaleza humana vale más que cada una de tus aspiraciones por separado… Una sola regla muy elemental, ahí está todo el resultado de la ciencia, el código de las leyes de la vida dichosa. Sí, dichosos los que han nacido con aptitud para comprender esta regla simple. En cuanto a mí, soy bastante feliz a este respecto. Debo, sin duda, mucho a mi formación, tal vez más que a mi naturaleza. Poco a poco esto se desarrollará como una regla corriente, dictada por la educación y las circunstancias. Entonces será fácil vivir para todos, como para mí en este momento”.

Concluyo con palabras del estudioso francés Alain Besançon, quien en su libro “Los orígenes intelectuales del leninismo”, señala que a partir de Chernishevski, “al hombre nuevo se le ofrecen dos tareas: reeducarse y reeducar a la sociedad en el espíritu de la ciencia nueva”.


© Luis O. Brea Franco
Sábado, 21 de junio de 2008. Inédito.

domingo 8 de junio de 2008

¿Qué hacer? Origen de la novela doctrinaria de Chernishevski



Después del paréntesis panorámico anterior prosigo con el desarrollo de nuestro tema.

Chernishevski, desde el inicio de su reclusión en la tristemente famosa Fortaleza de San Pedro y San Pablo, decide aprovechar el tiempo que estaría detenido a la espera de juicio.

En un primer momento decide retomar y ahondar el proceso de su formación filosófica, que había tenido que abandonar debido a la intensa labor que realiza desde su posición como uno de los principales editores de la revista “Sovremennik”.

En efecto, Chernishevski desarrolla una intensa labor tanto como publicista interesado en explicar a las nuevas generaciones las nuevas ideas que podían servir para que estas cobraran conciencia del letargo y la dejadez histórica en que se encontraba Rusia y ayudar a que su país despertara.

Pero, también, nuestro pensador, como hemos podido comprobar anteriormente, se había empeñado y concentrado en una vehemente labor propagandista sobre la que entendía debía ser la correcta vía que debía asumir la reforma campesina para garantizar el desarrollo económico y el bienestar de las clases más empobrecidas: el campesinado.

En el marco de su interés por profundizar en el conocimiento filosófico, posteriormente, decide comenzar a elaborar unos trabajos que, según confiesa en carta a su mujer: “… he soñado largamente. (…) Empezaré una «Historia de la vida material y espiritual de la humanidad», en muchos volúmenes, una historia como nunca se ha escrito, porque las obras de Guizot, Buckle ( e incluso las de Vico) están hechas sobre un plan demasiado restringido y su ejecución es mala. Y después empezaré un «Vocabulario crítico de las ideas y de los hechos», basados sobre esa historia…”.

Esta actitud combativa, este fervor por continuar la lucha en otro escenario, intelectual ahora, que era el único que tenía disponible entonces, revela, como señala Franco Venturi en su obra clásica sobre “Los populistas rusos”, que en Chernishevski, a pesar del estado de precariedad en que se encuentra desde el momento de su detención, hay “una voluntad de trabajo que se venga con la imaginación de la imposibilidad de actuar. (…) Su obra cotidiana de ilustrado, se transforma en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, en un sueño enciclopédico”.

Sin embargo, limitado por la circunstancia concreta en que se encuentra y por la falta de material bibliográfico adecuado para consultar las fuentes sobre las cuales debía trabajar, se produce en él una desviación en sus propósitos hacia aquello que realmente puede realizar, y es desde la comprensión cabal de la situación de su confinamiento, que decide dirigirse hacia otros proyectos.

Concretamente, inicia realizando una traducción al ruso de algunas obras de Jean-Jacques Rousseau. Empero, más adelante considera, y termina imponiéndose a sí mismo, la posibilidad de comenzar una tarea de creación literaria como la actividad más factible de realizar en su específica situación. Es así como se decide a escribir una novela, que titula: “¿Qué hacer?”.

En la documentación relativa al proceso se encuentra una declaración de Chernishevski sobre como llega de la crítica literaria, que había realizado en los años cincuenta para “Sovremennik”, a la escritura de una obra literaria. Allí declara que, “desde hace tiempo me había preparado, entre otras cosas, para la actividad literaria. Pero estoy convencido de que las personas de mi carácter deben ocuparse de eso en sus años no jóvenes. Antes no tendrían posibilidades de éxito. Rousseau ya había llegado a la vejez; Godwin, también, cuando se dedicaron a la literatura. La novela es algo destinado a la masa del público, y es la más seria, más de ancianos, de personas de experiencia, entre las ocupaciones de un escritor. La ligereza de la forma debe ser redimida por la solidez de los pensamientos que así se infunden en las masas…”.

La novela –según el testimonio de Franco Venturi, en el libro señalado- es la obra de Chernishevski que alcanza mayor éxito popular, y habrá de servir para “formar a toda una generación de estudiantes y revolucionarios populistas. Fue, considerada, con propiedad, la historia novelada de los orígenes de éstas generaciones; de su aparición en los años que siguieron a la guerra de Crimea; de sus problemas morales y personales. Relata la repugnancia que sienten al descubrirse en una sociedad encerrada en mezquinos intereses, inculta y fea. Es la crónica de sus entusiasmos; de la formación de su personalidad a través de bruscas y paradójicas resoluciones. Revela sus primeros intentos de crear una vida distinta, personalmente libre, y al mismo tiempo consagrada al pueblo. El libro había sido escrito para esa juventud y sólo para ella”.

La redacción de la obra comienza el 4 de diciembre de 1862 y termina en pocos meses.
En cuanto la concluyó, el autor entregó el manuscrito a las autoridades de la prisión para que lo hicieran llegar a la dirección de la revista “Sovremennik” para su publicación. En seguida, estas lo remitieron, como primer paso, a la comisión encargada de la instrucción del proceso.

La burocracia judicial añadió su parte de ceguera y caos en el incumplimiento de los procedimientos a seguir, lo que determinó la publicación de la obra sin haber sido autorizada.

Equivocadamente, se alteró todo el proceso establecido en el muy reglamentado y definido tratamiento de reenvío a las diferencias instancias que debían conocer el contenido del libro, expurgarlo y autorizar o denegar la publicación.

En concreto, se remitió el escrito a múltiples y diversas oficinas e instancias y cada una de ellas fue dejando su firma y sello en el manuscrito como testimonio de que había pasado por sus manos.

Así se fueron acumulando tal cantidad de sellos y firmas en el cuerpo del documento, que cuando el escrito llegó a la sección encargada de la revisión censoria, alguien allí pensó, con dejadez burocrática, que el manuscrito había sido ya minuciosamente revisado y corregido, de modo que sin pasar por el trámite correspondiente fue enviado al destinatario, a la dirección de la revista “Sovremennik”.

El escritor Nekrasov, después de leer el texto y aquilatar su carga explosiva, tuvo la brillante idea de “hacer que el texto se perdiera” en la Perspectiva Nevski –la principal arteria de la capital-. Para “recuperarlo” puso un anuncio en el periódico de la policía, y el original le fue devuelto por intermediación del ministerio del interior, por un funcionario de menor categoría, que lo había encontrado.

Con este estratagema de Nekrasov, la revista se resguardaba de las consecuencias de su publicación, ya que contaba con la certificación de que el manuscrito fue entregado a la revista, en dos ocasiones, una por la censura y la otra por la policía zarista, para su publicación.

Esta coyuntura le servía a la revista de justificación de que pensaban, por tales circunstancias, que el manuscrito había sido considerado inofensivo por las instancias oficiales encargadas de cribar lo que se publicaba.

La novela comienza a publicarse en febrero de 1863, por entregas mensuales. E inmediatamente suscitó fervorosos entusiasmos y encendidas críticas, “las que no se limitaron a señalar, lo que era evidente, que la obra no tenía alguna calidad artística, sino que la atacaron con violencia debido a las ideas políticas y sociales presentes en la obra”.

Fue el parecer inmediato de los contemporáneos que la obra desplegaba un argumento en que se ocultaba alguna clave política, y muchos lograron identificar y señalar a las personas que inspiraron al autor en la creación de sus personajes.

La trama de la novela fue tenida muy presente por las autoridades estatales, aún algunos años después de la condena y de la deportación de su autor en Siberia.

Aconteció que después del atentado del primer nihilista terrorista Dmitri Karakosov, contra Alejandro II, que tuvo lugar el 4 de abril de 1866, algunos investigadores pretendieron que se interrogara a Chernishevski sobre el hecho, en razón de que al final de la novela, el autor sugería que se había puesto la fecha del 4 de abril de 1863, para el inicio de la revolución.

Sin embargo, para evitar al estado hacer de nuevo el ridículo prestando atención a tan descabellada sospecha, tuvo que intervenir el propio zar Alejandro II, para que se abandonara esa dirección en la investigación del atentado.

La novela cuenta la historia de unos jóvenes de la inteligentsia radical que logran liberarse de las costumbres burguesas respecto al trato adecuado para hacer valer en su vida cotidiana la igualdad de los sexos, sobre las consideraciones que debían tener presentes para comportarse y vivir éticamente en sus asuntos personales, sobre cómo debían de esforzarse para animar una organización productiva basada en el cooperativismo, y sobre cuáles eran las vías adecuadas y los procesos educativos a adoptar para lograr una redistribución igualitaria de los beneficios obtenidos.

La protagonista de la novela es la joven Vera Pavlona, se independiza de su familia marcada por la corrupción, algo común entre los pequeños burgueses de la época, a través de sus relaciones con el estudiante Lopuchov, y el joven médico Kirsanov.

El personaje de Vera es tratado por el autor desde un una perspectiva objetiva, sin acceso a la interioridad de su vida psicológica y a la formación de sus pensamientos.
Vera y Lopuchov, juntos deciden poner en práctica sus ideas sobre la colaboración y fraternidad humana fundando una comuna que les permita compartir experiencias, habitación y medios económicos.

Lo que sorprende en la novela de Chernishevski a un lector de nuestros días, es la profundidad que alcanza en la obra, la descripción de la calidad y la actitud moral de los personajes, mientras se nota la ausencia de una participación concreta de los personajes en actividades de orden revolucionario.

Otro rasgo estilístico que caracteriza la obra es la continua referencia que hace el autor al lector. A cada momento el narrador expone y comenta su visión de los hechos; narra y medita sobre el material ideológico con que teje su escritura y comenta sus lecturas e ideas con el lector.

Clave para descodificar la novela de Chernishevski es llegar a percibir que en el texto no se presenta otra realidad diferente a la “actual”, en el momento en que se escribe. Esta es una realidad marcada por un orden constituido por un estado de inmovilidad reaccionaria corrupta que se refleja en todos los aspectos de la vida humana.

Esta situación estática presentada en un tiempo de grandes reformas, hace pensar que el libro ha sido concedido para que el lector realice una lectura activa, esto es, quiera involucrarse y comprometerse contra la realidad existente.
Chernishevski hace nacer en el lector una conciencia social y esta lo conducirá a conmoverse y a convencerse de que debe involucrarse en la práctica viva de renovación de lo real, que es la propia sociedad.

La figura del héroe de la obra, el joven dirigente Rachmetov, es una proyección del propio autor; representa su prototipo del dirigente revolucionario tal como lo postulaba la época. Vive, en efecto, en función de las tareas y objetivos que debe cumplir para adelantar la lucha contra el régimen zarista.

Después de su primera publicación por el descuido de las instancias del poder en la revista “Sovremennik”, el libro circuló por decenios en copias manuscritas –una práctica de difusión de la literatura rusa que se mantuvo también durante los años del régimen soviético- hasta después del 1905, cuando el hijo de Chernishevski pudo publicar una edición de las obras completas de su padre.

El libro fue definido por el príncipe anarquista Kropotkin como “el breviario de todo joven ruso”. Mientras que Georgii Valentinovich Plejanov, quien fue un destacado revolucionario ruso y un significativo teórico marxista, que fundó el movimiento socialdemócrata ruso, que fue el primer grupo político que se declaró marxista, sostiene que el libro de Chernishevski, “ha sido el libro de mayor suceso y difusión, desde que existe la tipografía en Rusia”.

Por otro lado, Nadezda K. Krupskaia, la compañera de vida de Lenin, relata en sus memorias, que el líder bolchevique consideraba a Chernishevski por encima de todos los grandes revolucionarios rusos. Y recalca que la adopción por parte de Lenin del título de la novela para titular su libro capital sobre la concepción de un partido revolucionario no fue una casualidad, sino un conciente homenaje a su memoria.

© Luis O. Brea Franco
Sábado, 07 de junio de 2008. Inédito.

domingo 1 de junio de 2008

Intermezzo. Esbozo sobre lo transitado hasta ahora con una orientación de lo que tenemos por delante




A la Doctora Carmen Liz

Creo oportuno, para orientación del lector, antes de pasar a tratar otro tema específico de esta serie, proceder a otear, por un breve momento, el trayecto recorrido e indicar el territorio que aún nos resta por transitar para cerrar esta primera parte de carácter histórico.

He iniciado la serie describiendo someramente la situación en que se encuentra Rusia a la muerte del emperador Alejandro I –quien combatió al emperador de los franceses, Napoleón I y fue unos de los príncipes vencedores en la guerra en su contra.

Alejandro I tomo parte en el Congreso de Viena y fue el promotor de la Santa Alianza (1815). Desde entonces, siguió una política autocrática y se apoyó en la Iglesia ortodoxa para luchar contra el liberalismo europeo en todas sus manifestaciones.

A éste zar le sucede en el trono de Rusia, en 1825, su hermano Nicolás I, que comienza su gobierno reprimiendo la insurrección decembrista (1825). Durante todo su reinado (1825-1855), Nicolás I se esforzó en ahogar los movimientos nacionalistas, perpetuar los privilegios del estamento aristocrático e impedir el avance del liberalismo.

Teórico convencido de la monarquía de derecho divino, se convirtió en adalid europeo de la contrarrevolución sofocando la sublevación polaca de 1830 y ayudó a Austria a controlar la revuelta húngara de 1848. Su política expansionista provoca la Guerra de Crimea (1853-1856) en la que Rusia sale derrotada por Francia, Inglaterra y Turquía.

La primera gran conspiración contra el poder absoluto de los Romanov, la de los decembristas, cuyos integrantes pertenecen a algunas de las más rancias familias de la nobleza pretende establecer un régimen con cierta apertura liberal, un estado de derecho a través de la instauración de una constitución y espera producir una gran reforma de la tenencia de la tierra para dar libertad a los campesinos esclavizados bajo el esquema medieval de la servidumbre de la gleba y comenzar la adecuación de Rusia con las potencias europeas, en las que avanza con fuerza la revolución industrial.

La conjura se lleva a cabo el 13 de diciembre, según el antiguo calendario juliano, vigente entonces en Rusia, que tenía una diferencia de 13 días de atraso respecto al calendario gregoriano que rige en Occidente. Por la fecha elegida es que adquiere la denominación histórica de “conjura de los decembristas”.

Ésta rebelión fue rápidamente dominada por el nuevo zar, pero el hecho marca su psique de gobernante y lo convence que tiene que dar un carácter fuertemente represivo a su gobierno.

Sin embargo, el sacrificio de estos jóvenes nobles idealistas crea en Rusia lo que el historiador británico, Orlando Figes, denomina “el culto de la oposición al régimen zarista”.

Los jovenes comienzan, entonces a desertar el servicio del estado, en cuanto consideran –según lo expresa el jurista Chícherin- “una traición moral dejarse utilizar como instrumento directo por un gobierno que reprime implacablemente el pensamiento ilustrado”.

Desde entonces surge en las altas capas de la sociedad rusa la convicción de que la oposición al régimen constituye una cuestión de honor.

En nuestro recorrido hemos tomado contacto con los primeros intelectuales románticos y su disposición de oponerse, por lo menos pasivamente y con la palabra, a través de la creación de una literatura nacional, que pretendía servir de espejo de la precariedad de la vida bajo semejante régimen opresivo.

Esta resolución la recuerda el crítico Belinski a Gógol en su famosa carta de 1848: “Es por esto que –en la literatura- se presta mayor atención a toda tendencia liberal, aún en los casos de escaso talento y que los grandes escritores pierden rápidamente su popularidad cuando pasan a defender los principios de la autocracia”.

En Rusia, a partir de Belinski, la crítica literaria asume la responsabilidad de transformarse en el vehículo de las ideas políticas, aunque con el uso de un lenguaje encubierto. Por ello, durante el siglo XVIII y XIX la “inteligentsia” configura sus propios códigos y convenciones sociales basada en modelos literarios y según los criterios éticos propuestos por los críticos para descodificar la realidad del arte.

Aparece como arquetipo del hombre ruso instruido, miembro de la nobleza terrateniente, la imagen de un ser humano noble, de elevados ideales éticos, inteligente, dotado de buenas intensiones para su país, pero que la situación opresiva impide llegar a actuar, llegar a transformar sus ideas en realidad, quedando sus energías disipadas en la construcción de un mundo ilusorio, que sólo tiene asidero en los sueños o en los fantasmas que crea su imaginación desbordada en la ociosidad en que vive o en el abuso del alcohol en que muchos caen.

Es la figura del “hombre superfluo”, cuya presencia domina la literatura rusa de los decenios de 1830 a 1850; esto es, es el tipo de personaje que predomina durante todo el reino del terrible zar Nicolás I.

Esta estampa se hace palpable en algunos personajes emblemáticos creados por los grandes escritores de esa época, como es el Eugene Onegin de Pushkin, el Oblómov de Goncharov, y el Dimitri Rudin de la novela homónima de Turguéniev o en el joven idealista Lavretski, personaje de la excelente novela “Nido de nobles” de mismo autor.

A partir de la muerte de Nicolás I y de la ascensión al trono de su hijo Alejandro II, la situación tiende a cambiar. El nuevo zar tiene que asumir inmediatamente la derrota de la guerra de Crimea e debe intentar superar la crisis económica que éste desastre provoca.

Alejandro II debe afrontar la necesidad impostergable de introducir reformas institucionales que reencausen el país en el contexto de los procesos de modernización que se despliegan en Europa occidental con la implantación del capitalismo y del dominio creciente de la tecnología maquinista en todos los ámbitos de la vida socioeconómica.

A la vez, debe de poner en ejecución algunos de los postulados del liberalismo político para acreditar el nuevo régimen en Europa, lo que le permitirá concluir empréstitos necesarios para la reactivación económica y cambiar la situación de inmovilismo que permita a Rusia incorporar el campo y nueva mano de obra en la modernización capitalista que el país requiere.

En los inicios de su reinado firma la paz de París (1856) que pone fin a la guerra de
Crimea y convencido de que es necesario acabar con las antiguas estructuras sociales y políticas comienza esbozar una serie de reformas, como la trascendental abolición de la servidumbre de la gleba (Úkasse del 19 de febrero de 1861,del antiguo calendario juliano, el 3 de marzo del calendario gregoriano. Por esta fundamental decisión, en la historia de Rusia se conoce a este zar como “el zar libertador”.

Alejandro II promueve la apertura de las universidades a los estudiantes burgueses, y aún a los descendientes de los antiguos siervos campesinos; autoriza una disminución del control de la censura de prensa y en la edición de obras que favorezcan la instrucción y preparación de las élites; reforma por completo el sistema judicial y penal; suprime los castigos corporales; decreta la amnistía de los decembristas y de otros disidentes; promulga una legislación favorable al desarrollo económico, impulsa la descentralización al crear los consejos locales; multiplica los centros de enseñanza e inicia la construcción de una serie de líneas férreas.

Esta política concluye con la rebelión polaca (1863-1864) aplastada duramente, lo que provoca una reacción contra los métodos del gobierno autocrático y comienzan a aparecer los primeros grupos de oposición liberal, populista y también las primeras organizaciones terroristas.

Bajo el reinado de este zar, Rusia inicia la penetración en Asia Central (toma de Bujará y Samarcanda, 1868) y trata de imponer su hegemonía en los Balcanes, política que llevaría a provocar, en 1914, la Primera Guerra Mundial.

Fruto de estas circunstancias aparece un nuevo tipo de intelectual que pretende sustituir y desplazar históricamente al superfluo hombre noble de estampa liberal; deriva de la nueva clase pequeñoburguesa que ha podido acceder a la educación y a la gestión exitosa de nuevas empresas productivas: son los hijos instruidos de la pequeña burocracia estatal, de los sacerdotes y párrocos de la iglesia ortodoxa y del pequeño comercio que crece en las pequeñas ciudades de provincias. Estos jóvenes pronto emigran a las grandes ciudades del país en búsqueda de instrucción, y de nuevas oportunidades de vida.

Es el momento en que aparece, con ellos, la nueva “inteligentsia” de los “raznochinets”, es decir, aparece la nueva clase de los intelectuales que no tienen acceso a un título de nobleza o que no ocupan un alto rango en la burocracia estatal o eclesiástica.

Son los hombres nuevos “sin rango”, sin un puesto social reconocido por nacimiento o herencia; o son hijos de pequeños nobles arruinados por no saber manejar los asuntos prácticos de la vida –son vástagos de “hombres superfluos”- que salen de sus rincones provincianos y pasan a vivir en las dos capitales, Petersburgo y Moscú, en búsqueda de fortuna y de nuevos horizontes para desarrollar una vida propia.

Esta nueva camada de intelectuales, se inclina por aplicar remedios radicales o establecer reformas y dar salida a los problemas sociales incentivando soluciones socialistas sea a través de salidas pacíficas o la utilización de soluciones violentas.

Con ellos nace el sentido predominante de lo que en lo adelante asume el término “inteligentsia”. La palabra “viene a designar no tanto una categoría de personas, cuanto un estado mental”; significa por definición una actitud de oposición radical e irreductible al régimen zarista y revela la voluntad de quienes han asumido la decisión de participar en su derrumbamiento. Por ello, se puede afirmar que hacer la historia del movimiento revolucionario será, en lo adelante, lo mismo que trazar el cuadro del desarrollo de la “inteligentsia”.

Los “inteligenty”, los miembros de este conjunto: Intelectuales, escritores, estudiantes, profesionales, pequeños comerciantes, tienen en común un conjunto de principios éticos, de códigos de vestimenta y de lenguaje, comparten conceptos sobre el honor, la dignidad y la camaradería humana, visitan los mismos cafés, teatros, clubs y círculos mundanos, y leen los mismos libros, periódicos y revistas. Esto lo aísla en una subcultura respecto a la sociedad privilegiada y frente al mundo ignorante, analfabeto y supersticioso de la cultura campesina.

El filosofo Nikolai Berdiaev compara la inteligentsia rusa a una especie de secta religiosa, que tiene muchas actitudes en común con el cristianismo primitivo. Como ejemplo de ello considérese su rechazo total al régimen y al orden instituído, que estiman como algo en sí mismo pecaminoso y diabólico, mientras presentan las ideas que defienden como la revelación de la verdad en sentido pleno y absoluto.

De estos grupos de nuevos intelectuales se origina el arquetipo del “nihilista ruso” que se desarrolla mediante la aplicación de un creciente radicalismo en los objetivos de la lucha política y en los métodos de la lucha misma hasta llegar a crear una visión política que se sostiene mediante el empleo indiscriminado de la violencia y el terrorismo y llega a propiciar la destrucción total, el aniquilamiento total de los valores de la civilización occidental.

Esta visión tiene por mira destruir y hacer tabla rasa de los principios, de la legalidad y de la tradición heredada en la historia, y sobre semejante campo de ruinas históricas pretende postular la reconstrucción desde cero del edificio de la cultura humana sobre nuevas bases, totalmente diferentes de las hasta entonces conocidas y reverenciadas.

La primera imagen histórica de este nuevo hombre emblemático y cargado de futuro, en el ámbito de lo simbólico aparece en la figura del “nihilista” Bazárov, personaje protagónico de la novela de Turguéniev, “Padres e hijos”.

Sin embargo, como personaje histórico su primera encarnación “ante litteram” se produce en el mito creado por la labor del crítico literario Belinski, que desde su posición de orientador de la revista más importante de Rusia, en el decenio de 1840, “Sovremennik – El contemporáneo” contribuye a perfilar entre los jóvenes de aquella época los primeros trazos de las características de lo que será “el nihilista ruso”. No es por una casualidad que Turguéniev dedica a la memoria de Belinski el libro donde toma cuerpo la figura del nihilista Bazárov.

Serán los discípulos de Belinski, los que más adelante contribuirán a desarrollar la imagen histórica de este nuevo tipo de hombre de civilización “en negativo”, personalidades tales como la de Alexandr Herzen, Iván Turguéniev, Mijaíl Bakunin, Fiodor Dostoievski e Nicolaí Chernishevski.

Empero, es particularmente Chernishevski, quien puede ser considerado como el padre histórico del nihilismo ruso, concebido por él en el curso del intenso proceso de despliegue de sus enjundiosos análisis teóricos. Su paternidad de este nuevo modelo de hombre revolucionario se sustenta, además, en el ejemplo de su propia vida de hombre auténticamente arraigado en una vida regida por precisos principios éticos y, sobre todo, lo fue al elaborar y publicar una especie de manual de comportamiento del revolucionario en la vida social concreta, que es su novela “¿Qué hacer?”.

Chernishevski encarna concretamente la visión que tuvo Belinski en su tiempo, sobre cuál sería la misión del Intelectual radical comprometido con la liberación de su pueblo: “Su misión será a la vez social y didáctica, pondrá en evidencia las fuerzas conductoras de la dinámica social y guiará al pueblo hacia una vida nueva, justa y democrática”.

La “novela” de Chernishevski, “¿Qué hacer?” –horrible en cuanto a la forma y a la factura literaria-, se inserta en la tradición rusa de la novela social creada por Dostoievski con su obra “Pobre Gente”, que se proyecta al siglo XX, con la novela de Maxim Gorki, “La madre”.

Sin embargo, su héroe positivo, que configura su ideal del luchador revolucionario, “Rachmetov”, constituye la semblanza de un titán monolítico, que ha de servir de modelo a todas las generaciones de jóvenes radicales, desde los populistas pasando por los anarquistas hasta llegar al propio Lenin.

Rachmetov es una persona que renuncia a todos los placeres de la vida para cimentarse en una fuerza de voluntad indómita. Se hace insensible a los dolores y perturbaciones del ánimo humano para concentrarse en un único objetivo, en la única finalidad de propiciar el nacimiento de una revolución que debe configurar de otra manera la arquitectura social.

Así, Rachmetov es un puritano y un asceta que no presta atención a sus sentimientos o a sus molestias corporales o a las perturbaciones emotivas personales, lo importante para él es silenciar los reclamos de los sentidos. Y así como templa el cuerpo, también endurece su mente alimentándola sólo con “lo esencial”, con política y ciencia.

Su existencia está modelada en el servicio de una disciplina rigurosa, que transforma su vida en un mecanismo de relojería, que establece con severidad el tiempo disponible para realizar cada cosa. Sólo así –según considera- con la dedicación total y altruista de su vida a la revolución podrá vencer la existencia alienada y alienante del “hombre superfluo”.

En la década de 1860, se consideró como el mayor error cometido por la censura zarista, que se permitiera la publicación de la primera edición de la novela de Chernishevski. Este libro desde ese momento ejerció una influencia determinante en el destino posterior de Rusia.

Karl Marx decide aprender la lengua rusa para leer este libro en su idioma original. Plejanov, el fundador del marxismo en Rusia, considera que los revolucionarios “de esa publicación hemos recibido, todos, fuerza moral para nuestras vidas y una fe inquebrantable en un futuro mejor”. Mientras que Trachiev, el teórico revolucionario estima que el texto constituye “como el evangelio del movimiento radical”, y el anarquista Kropotkin, lo califica como “la bandera y el emblema de la juventud rusa”.

Un joven radical de la década de 1860, llega a señalar que, a su juicio, los tres más grandes hombres de la humanidad son: “Cristo, San Pablo y Chernishevski”.

En Lenin, la lectura de la novela causó una gran conmoción espiritual, tanto así que leyó la obra cinco veces en el mismo verano en que la conoció, y confesaría más tarde, en 1904: “Este libro me cambió la vida”, e indica que la grandeza de Chernishevski consiste en haber demostrado: “No sólo que todo hombre justo y verdaderamente honesto debe de ser un revolucionario, sino que también muestra cómo debe de ser el revolucionario”.

Discípulos inmediatos de la labor crítica de Chernishevski trabajaron paralelamente en la consolidación de su obra y por la afirmación del modelo del “nihilista ruso”. Estos fueron los brillantes jovenes críticos, Nikolai Dobroliubov, quien muere en 1861, a la edad de 25 años, y Dimitri Písarev, crítico de la revista de orientación radical “La palabra rusa - Russkoe Slovo”, quien muere en 1868, a la edad de 28 años.

Otras figuras radicales que contribuirán a delinear la semblanza plena del “nihilista ruso” fueron el joven, Varfolomei Zaitsev, quien actúa desde la misma revista de Písarev, y más tarde surgen personajes como los terroristas Karakozov y Nechaiev, quien –este último- en compañía de Bakunin, intenta definir la silueta de uno de los más ejemplares más terrible, feroz, despiadado de la oscura jauría de los nihilista rusos, que, luego, servirá a Fiodor Dostoievski de modelo para trazar la poderosa figura de su arquetipo de esta especie, en las personalidades de Nicolás Stravogin y de Iván Karamazov.

Hacia esas colinas nos dirigimos ahora para completar la imagen histórica de los nihilistas rusos, para luego pasar a analizar y meditar la obra de Dostoievski e intentar dar, en ella, con los fundamentos ontológico y éticos, los objetivos y las consecuencias para su tiempo y para la cultura occidental de la aparición y triunfo de esta nueva especie de humanidad nacida de las entrañas del proceso de modernización en un país bárbaro, que carecía del barniz cultural que recubre al hombre de Europa occidental y que, según estimo, determina de manera pesante el ritmo y la orientación de la modernidad en el siglo XX.

© Luis O. Brea Franco
Sábado, 31 de mayo de 2008. Inédito.