
Los eslavófilos
y III
Los más detacados pensadores eslavófilos fueron, Aleksei Stepanovic Chomjakov, Ivan Kireevsky y Konstantin Aksakov.
El primero, Aleksej Stepanovic Chomjakov, nace en Moscú en 1804 y muere en 1860. Fue un reconocido poeta, filosofo y teólogo. Sostuvo, desde el inicio de su madurez, la corriente de pensamiento eslavófila, de la que fue su más destacado pensador.
Chomjakov nace y permanece durante toda su vida, en Moscú. En sus escritos considera a la ciudad de “las mil cúpulas” como la quintaesencia del estilo y del modo de ser ruso. Publica poco durante su vida, pues es una especie de Sócrates ruso que envuelve y convence a quien le escucha con su rica conversación.
Su obra será publicada póstuma por sus amigos y discípulos. A través de sus enseñanzas ejerce una poderosa influencia, tanto en la iglesia ortodoxa, como en la católica. En esta última su influjo se hace presente en la segunda mitad del siglo XX, cuando uno de los más destacados teólogos del Concilio Vaticano II, el dominico francés Yves Marie-Joseph Congar, redactor de los principales documentos del Concilio, recoge en estos algunas de sus principales ideas.
Para Chomjakov, las doctrinas predominantes en el siglo XIX, en Europa, el socialismo y el capitalismo, son ambos frutos repugnantes de la decadencia de Occidente. Igualmente, se opone profundamente al individualismo, propugnado y defendido por las doctrinas liberales en voga en Europa occidental, en los países con más avanzado desarrollo capitalista.
Estima que Occidente no ha sabido ni podido concebir una respuesta positiva a los problemas espirituales que confronta el ser humano en el siglo decimonónico, cuando comienza a revelarse los aspectos negativos que traen los procesos de la modernización en curso, en ese momento, pues acentúan el espíritu de competición actuando en contra de la actitud de cooperación humana que es vital asumir para crear entre los seres humanos un sentido de comunidad y hermandad.
Chomjakov conocía, amaba y respetaba el pasado de Rusia, y frente a las ideas y modos de vida que introduce la reforma de Pedro el Grande, que divide la historia del Imperio en dos, asume una posición negativa frente a los resultados de tales transformaciones culturales, resaltando que lo propio de Rusia es haber creado una cultura cuya base deriva directamente de los principios de la iglesia ortodoxa.
Chomjakov no fue sólo ideólogo de la eslavofília. Fue, también, un reconocido teólogo y teorizó sobre el papel de la iglesia en el seno de la sociedad. Es más, hoy viene reconocido como el más destacado teólogo laico de la iglesia ortodoxa rusa en el siglo XIX. Intenta comprender la naturaleza única de la iglesia, que hace derivar de la referencia al único Cristo y a la única doctrina heredada de los Apósteles y de los Padres de la iglesia.
El término clave del pensamiento de Chomjakov es “sobornost”. Esta palabra posee en su pensamiento una amplia gama de sentidos y matices, entre los que se encuentra el de consenso y sintonía. El término, en la traducción del Credo de Nicea al ruso, está a significar lo mismo que “catolicidad”, “universalidad”. Empero, no la considera en un sentido genérico, sino con referencia a una determinada comunidad que está unida, vinculada, por un lazo espiritual, por la fe y el amor.
Para Chomjakov, el Occidente cristiano ha sido incapaz de manifestar en sentido vívido esta comunidad orgánica desde el tiempo de su separación de la Iglesia Ortodoxa, a raíz del Gran Cisma de 1054.
La vasta erudición di Chomjakov, su gran talento literario y la gran fuerza de sus convicciones le habría garantizado una gran carrera política y literaria, pero el régimen opresivo de Nicolás I no permitió que pudiera desplegar socialmente sus grandes capacidades.
Muere de una manera heroica, pero anónima, cuando intenta asistir a los campesinos de su estancia durante una epidemia de cólera en 1860. El patriarca Alexis II, decimosexto patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, fallecido en diciembre de 2008, presentó, con éxito, su causa de canonización, en cuyo proceso ya ha sido proclamado “beato”.
Ivan Kireevsky (1806-1856), fue, igualmente, filósofo y crítico literario. Viene considerado conjuntamente con Chomjakov como cofundador de la corriente de pensamiento eslavófila. Estudió, durante un largo período de su juventud en Europa occidental. Específicamente, asiste, en Alemania y en Francia a las lecciones de Schelling, Schleiermacher, Hegel, y Michelet.
Durante sus viajes por Europa occidental, declara más adelante, llega a “percibir” los signos de la decadencia de los fundamentos morales y religiosos de la sociedad occidental, que se sostiene en la práctica más extremada del egoísmo y del individualismo, que para un conocedor de la cultura rusa contrasta totalmente con el principio de integración (sobornost) que, según este pensador, domina en la civilización rusa arraigada en los principios de la religión ortodoxa.
De regreso en Moscú por 1832, intenta reunir, en una revista que funda, "Evropeets", a la aristocracia literaria de su ciudad natal. Sin embargo, la revista viene clausurada por la censura después de publicar su segundo número, en el que Kireevsky publica un ponderado ensayo donde formula su primera crítica de la filosofía occidental y sus valores.
El fracaso de "Evropeets", causa una profunda decepción en Kireevsky. Entonces, se casa y se dedica enteramente a la vida familiar y a sus asuntos privados. Muchos críticos, entre ellos, Herzen, tienden a calificar los doce años que pasa sin publicar nada, como los años “oblomovianos” del pensador, donde revela coincidir con la tendencia que se manifiesta muy viva en la clase de los nobles durante el período romántico, caracterizada por la indecisión y la inacción. De hecho, toda la producción intelectual de este destacado pensador se reduce a una docena de artículos que pueden recogerse en un único, compacto, volumen.
No es sino hasta principios de 1840 cuando reaparece Kireevsky en la escena intelectual de Moscú, cuando toma posición al lado de Chomjakov en el debate que este sostiene con Herzen, Granovsky y otros jóvenes "occidentalistas". Como no habían las condiciones para llevar un debate público, Chomjakov y Kireevsky asumen la crítica verbal de "la racionalidad unilateral, superficial y puramente analítica" de Occidente, en los salones y las veladas distinguidas de Moscú.
En sus obras, Kireevsky contrasta la filosofía de Platón y la de la iglesia griega, específicamente la de algunos padres de la iglesia, en particular, la visión de Máximo el Confesor, con el racionalismo de Aristóteles y de los pensadores medievales de la Iglesia católica.
Kireevsky culpa a Aristóteles "de moldear la mente de Occidente en la fragua de hierro de la razonabilidad", que él define como una forma tímida de prudencia (a diferencia de la verdadera sabiduría), y como una "lucha por resaltar la mejor opinión considerada desde el círculo del sentido común".
Nuestro pensador estima, además, que la doctrina de Hegel como la última versión analítica, corregida y desglosada a la altura del siglo XIX, del pensamiento de Aristóteles. Una doctrina que se caracteriza por su total divorcio del alma y de los sentimientos religiosos.
Kireevsky expresa gran entusiasmo cuando describe los modos de vida de Rusia antes de las reformas de Pedro el Grande. Según él, desde los monasterios de la antigua “Rus”, "se irradiaba la luz uniforme y armoniosa de la fe y la cultura de las diferentes tribus eslavas y principados que se encontraban enlazados y reunificados en una densa red de iglesias y monasterios que cubría toda la superficie de Rusia, estos vínculos eran considerados "lazos de una comunidad espiritual", que unificaba al país en "un solo organismo vivo".
Ivan Kireevsky, muere a los 50 años, en 1856, al igual, que Chomjakov, durante una epidemia de cólera.
El tercer gran pensador de los eslavófilos fue Ivan Sergeyevich Aksakov (1823-1883), estuvo, a diferencia de los dos anteriores, más ligado al ámbito del periodismo cultural, y se dedicó, además, al estudio de la historia de la literatura, en esta disciplina fue considerado la mayor autoridad durante el siglo XIX. Está considerado, además, como el periodista ruso con la obra más prolífera, después de Herzen. Su hermano Konstantin (1823-1886) también alcanzó destacada nombradía entre los propulsores del movimiento eslavófilo.
© Luis O. Brea Franco
Sábado, 01 de agosto de 2009






